Luces y sombras

Nos resulta aparentemente fácil disfrutar de los momentos que sentimos como buenos pero nos resulta bastante incómodo mantenernos en aquellos que calificamos como malos. No es necesario que nos detengamos a reflexionar ni un solo segundo para dejarnos acariciar por lo que sentimos como agradable. Ni hay un segundo de reflexión para alejar lo que nos desagrada. Ni siquiera ponemos un segundo de atención a reflexionar si, ante determinados acontecimientos, fenómenos o personas, sentimos siempre lo mismo, sea agradable o desagradable.

Por ejemplo, la lluvia. ¿Vivimos igual la experiencia de la lluvia golpeando rítmicamente los cristales de las ventanas de la habitación, el fin de semana desde la cama, que cuando vamos conduciendo o caminando un día lluvioso hacia el trabajo?

Pero la lluvia es simplemente lluvia. "Agua que cae de las nubes", nos dice el Diccionario de la Real Academia Española. ¿Qué es lo que hace pues que la vivamos de maneras tan diferentes?

Con la práctica de Mindfulness llevamos la atención a la experiencia del momento. Desarrollando la aceptación como capacidad de darte cuenta de lo que pasa, permitiéndote disfrutarlo sea como sea la experiencia. Aceptar es la capacidad de mirar más allá de las luces y las sombras. La capacidad de transformar nuestra vida para ver que, tal vez, no haya ni luces ni sombras.
 

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